viernes, 30 de septiembre de 2016

NATALIA GINZBURG, Léxico familiar

De esta autora había leído Las pequeñas virtudes un texto a medio camino entre el ensayo y la autobiografía como es el caso de este Léxico familiar. En el primero que leí (y que no recuerdo por qué no reseñé pese a leerlo hace un año) se reunían once textos de diversos temas en los que está muy presente Cesare Pavese, razón por la cual empecé a interesarme por leerlo. En esta obra que comento ahora también está presente este escritor y ofrece sugerencias para comprenderlo mejor. 


Resulta interesante la manera en la que Ginzburg entreteje su vida con su manera de pensar y, especialmente, la de las personas que la rodean ya que sobre ella habla poco. El tema de la autora por lo que llevo leído es el ser humano y su manera de comportarse y de pensar, ese es el “objeto” que le interesa sin duda alguna. 

La autora 

Nacida en Palermo en 1916 pronto se trasladó a vivir a Turín y luego, ya casada con Leone Ginzburg, vivió en Roma hasta que su marido fue asesinado en una cárcel de la capital por las fuerzas fascistas. Trabajó durante muchos años como redactora para la editorial Einaudi, en su sede en Roma, y allí murió en 1991. Léxico familiar fue publicado en 1963 y recibió el Premio Strega. 


La obra 

Léxico familiar contiene a Natalia y ella es aquellos que fueron antes de mí (Prólogo, 9). A la vez somos cada una de nosotras puesto que a través de lo cotidiano logra explicarse y explicarnos. Nada de lo que escribe nos resulta ajeno. Su manera de escribir se aproxima a la confidencia entre personas amigas, Ginzburg nos habla de su vida íntima y de la de su familia, los Levi. En las pequeñas confidencias familiares encontramos la dimensión universal de lo ocurrido en Italia durante el auge del fascismo y la guerra. Todo lo que aparece es real, sin embargo la autora pide que sea leído como una novela y así lo he hecho yo. 

La autora afirma que no es un libro sobre ella sino sobre su familia, los Levi, una familia judía y antifascista que vivió en Turín entre 1930 y 1950. El padre, profesor y científico, considera al Proust que lee su mujer (y que le resume a su marido) como un cataplasma. Sus hijos/as y mucha de la gente que le rodea es difícil que se libre de ser un borrico, los recuerdos sobre el padre y su manera de ver la vida son realmente divertidos. 

Un fragmento sobre Pavese 
Al amor y a la escritura se entregaba sin embargo con un estado de ánimo tan enfebrecido y tan calculado que nunca sabía reírse de ellos ni llegar a ser él mismo por completo. Y a veces, cuando ahora pienso en él, su ironía es lo que más recuerdo y lloro, porque ya no existe: de ella no queda ningún rastro en sus libros, y solo es posible hallarla en el relámpago de aquella maligna sonrisa suya (238). 
El padre de Natalia siempre les decía a sus hijos/as… 
Os aburrís porque no tenéis vida interior (24). 
Leerla es adentrarse en la gente común, en nosotras mismas.

viernes, 23 de septiembre de 2016

RADKA DENEMARKOVÁ, El dinero de Hitler

Un título que capta la mirada 

Casi hasta el final de la novela no sabemos la razón del título, en la página 193 de 206 páginas, la autora nos lo aclara. El dinero del Fondo Checo-Alemán para el Futuro que ofrecen a la protagonista por los años pasados en el campo de concentración, es considerado como dinero de Hitler. Y no añado más para no desvelar nada importante si leéis la novela.


¿De qué trata la novela? 

La historia está narrada en primera persona por la protagonista, Gita Lauschmannová que nos explica su vida en dos momentos, “Primer regreso, verano 1945” y varios regresos (del segundo al sexto) en verano y otoño de 2005. En la primera parte Gita tiene 16 años, regresa a su casa desde un campo de concentración tras sobrevivir al Holocausto y se encuentra con su casa ocupada por otra familia. Estamos en Puklice, un pueblo de los Sudetes checos de habla alemana y por ello objetivo temprano de Hitler para incorporarlo, como así ocurrió, al III Reich. 

Gita cree que cuando se identifique todo se aclarará y podrá instalarse en su casa a la espera de otros sobrevivientes de su familia, pero se encuentra con que sus bienes han sido repartidos y ella (y su familia) son acusados de ser alemanes por hablar dicha lengua. Pese a que está a punto de perder la vida alguien le ayuda llena de remordimientos y logra huir de nuevo hacia el campo. Un regreso que se tiñe de la mayor mezquindad y crueldad posible para alguien que ha perdido todo. 

Con 76 años Gita decide regresar de nuevo para hacer justicia, el comunismo había caído en Checoslovaquia y en el bloque socialista de Europa oriental y Gita se siente con fuerzas para regresar. Toda una vida afectada por lo ocurrido tras la ocupación nazi de los Sudetes y, especialmente, el Holocausto ira apareciendo ante nuestro ojos con toda su dimensión trágica.

La protagonista… 

Quizás lo más sorprendente es que resulta difícil empatizar con Gita, no porque no sea una víctima, que lo es, sino por el daño irreparable que el campo de concentración y todo lo que ocurre después a lo largo de su vida le causa. Una experiencia que anula a cualquier persona y de la que parece imposible poderse recuperar, esa fue la verdadera tragedia de los supervivientes y la razón por la que muchos se suicidaron.

A ello hemos de añadir la injusticia sufrida durante el régimen socialista que desdibujó la persecución sufrida por la población judía para dar relevancia a la heroicidad de los que lucharon para derrotar al nazismo. Parece claro que no debería ser incompatible el reconocimiento del sufrimiento de todas aquellas personas que fueron perseguidas y exterminadas por su religión o etnia y la resistencia contra el nazismo de las poblaciones ocupadas por el nazismo en toda la Europa oriental, pero de hecho el socialismo implantado en esos países tras terminar la guerra lo hizo incompatible.

Un párrafo, Gita nunca nombra el campo de concentración, siempre es allí… 
Tengo el poder de prevenirla y salvarla. Las compuertas se han abierto. Le cuento la peripecia de mi regreso, todas las andanzas de mi peregrinaje desde allí, donde me dejé mi piel de niña y me traje puesta otra llena de escupitajos, humillaciones y vergüenza (60). 
La novela está bien escrita y bien narrada. Su personaje central cautiva por su personalidad y por su manera de luchar para sobrevivir.

viernes, 16 de septiembre de 2016

ELENA FERRANTE, La amiga estupenda. Dos amigas I

Varios factores han contribuido a que me lanzara finalmente a la lectura de esta tetralogía que no sé cuando acabaré. En primer lugar he leído reseñas en blogs en los que confío por su criterio lector y una compañera de trabajo también me habló bien de esta serie. Por otro lado me resulta intrigante el anonimato de la autora o autor, que en estos tiempos de exposición mediática no es nada habitual. Afirma en la solapa del libro que no se arrepiente del anonimato y que descubrir la personalidad de quien escribe a través de la escritura es un buen modo de leer. Y estoy de acuerdo. 

La realidad es que Ferrante ha tenido un gran éxito en novelas anteriores como las Crónicas del desamor donde se reunían tres novelas publicadas con anterioridad a 2010. Los críticos/as hablan de una voz extraordinaria que ha dado un vuelco a la narrativa de los últimos años. 
Con todos estos factores no he podido resistirme a leerla. 


¿Me ha deslumbrado esta primera novela? 

No, no lo ha hecho. 
Eso sí, me ha gustado lo suficiente como para seguir leyendo las tres novelas restantes. No estoy enganchada como tantas veces me habían dicho que lo estaría con esta historia, pero reconozco que el mundo de la niñez y adolescencia que describe Ferrante resulta interesante. Así mismo, los dos personajes centrales, las dos amigas, están muy bien construidos y tienen una fuerte personalidad, especialmente Lenú, para mi mucho más creíble que Lila. También está bien escrito y la trama está bien construida. 

¿De qué trata la novela? 

Trata de dos niñas completamente diferentes que se conocen en la escuela y en el barrio y que forjaran una gran amistad, una amistad en la que pone más (o eso me ha parecido) Lenú que la rebelde Lila. Las sesiones de la escuela o de las correrías por el barrio junto con otros muchos personajes nos dan una imagen de lo que era Nápoles en los años 50 del siglo XX. Tan protagonista como las amigas es el espacio: el barrio, la ciudad, Italia del sur. El espacio de la gente común, de la gente trabajadora, de la gente pobre que tiene que hacer mil y un trabajos y pillerías para sobrevivir. 

Y el trasfondo histórico, el recuerdo del fascismo de Mussolini, la guerra, quienes colaboraron y quienes se resistieron y lucharon. Ese recuerdo va emergiendo aquí y allí dando sentido a muchos odios y disputas en el barrio. 

(…) puso motivos concretos, caras comunes al clima de tensión abstracta que de niñas habíamos respirado en el barrio. El fascismo, el nazismo, la guerra, los aliados, la monarquía, la república, ella hizo que se convirtieran en calles, casas, caras (…) (158).
La amistad, verdadero protagonista 

Sí, esa amistad que cimientan las dos niñas y que sobrevive en la adolescencia, época de cambios en las que las amigas tomaran caminos diferentes que no sabemos dónde las conducirán. Aunque esta novela se inicia con la desaparición de una Lila ya sesentona y el relato que hace Lenú en primera persona para que su huella no desaparezca. Las emociones, de alegría y de tristeza, que unen a las dos amigas en su crecimiento hacia el mundo adulto resulta creíble y eso para mí tiene un gran valor. 

Mi fragmento favorito trata de calor y violencia
Con el calor, en el bar Solara, entre pérdidas en el juego y borracheras molestas, a menudo se llegaba a la desesperación (palabra que en dialecto significaba haber perdido toda esperanza, pero también, estar sin un céntimo) y a las manos. Silvio Solara, el propietario, corpulento, barriga imponente, ojos azules y frente anchísima, guardaba detrás del mostrador un bastón oscuro con el que no dudaba en repartir leña a quien no pagara las consumiciones, a quien había solicitado préstamos y a su vencimiento no quería devolverlos, a quien hacía pactos de algún tipo y los incumplía (…). Después, los hombres regresaban a casa exasperados por las pérdidas en el juego, el alcohol, las deudas, los vencimientos, las palizas y, a la primera palabra torcida, zurraban a sus familiares, una cadena de agravios que generaba agravios (82). 
Si queda alguien que no sepa nada de esta tetralogía, le convoco a darle una oportunidad pero rebajando expectativas.

viernes, 9 de septiembre de 2016

GIOCONDA BELLI, El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra

Este libro me lo regaló una persona que cuando se produjo la revolución en Nicaragua (1979) decidió pedir permiso en el trabajo y marchar tres meses a trabajar solidariamente para impulsar la revolución. Luego vino la decepción pero nunca olvidó aquellos meses de entusiasmo en los que parecía posible una revolución diferente. Una utopía… 

Me lo regaló hace tres años y no me animaba a leerlo. ¿Por qué? Le tenía un poco de aprensión, no me apetecía un libro propagandístico de la revolución ni tampoco un libro que me produjera pena por el relato de un fracaso. Pero al final me decidí a leerlo con los calores del verano. 



¿Es un libro propagandístico? 

No, no lo es. Es cierto que Belli da una imagen positiva del sandinismo en los años en que decidió ingresar en este movimiento al inicio de la década de 1970. Ella pertenecía a la clase media-alta de Nicaragua y por ello era una sandinista atípica, por ser mujer también formaba parte de una minoría aunque hubo algunas mujeres que incluso estuvieron al frente de unidades militares, como Dora María Téllez. 

Belli no esconde la improvisación, los enfrentamientos internos (poco antes del triunfo de la revolución el sandinismo se dividió en tres corrientes enfrentadas que a duras penas mantuvieron la unidad), el machismo de algunos sandinistas o su autoritarismo. Mucho menos esconde sus críticas, una vez el Frente Sandinista está en el poder, especialmente dirigidas a Daniel Ortega y su hermano Humberto. 

Pese a este lado negativo, Belli es capaz de hacernos sentir la ilusión de un movimiento (el sandinismo no era un partido) que con muy pocos medios creció y canalizó el descontento contra el somozismo, una dictadura durísima que se alargó durante más de cuarenta años. 

¿Es un libro que deja tristeza en quien lo lee? 

No del todo. Sí que deja tristeza leer cómo tantas ilusiones, tantas muertes, tantos esfuerzos y tantos apoyos internacionales solidarios acabaron naufragando. Una de las causas que provocó el naufragio fue la guerra que instigó EUA a través de su apoyo a la “contra” bajo el gobierno de Reagan. Todas las revoluciones han contado siempre con una oposición poderosa y, habitualmente, con una situación de guerra que entorpece y envilece dichas revoluciones. 

Pero la responsabilidad del fracaso también suele tener motivaciones internas, en especial lo refractarias que son las fuerzas revolucionarias a respetar la libertad y a aceptar la crítica, creyéndose en posesión de la verdad y justificando los medios por el fin. 
Ejercer la crítica se volvía cada vez más difícil (…). Si la crítica era muy dura, se corría el riesgo de ser acusado de hacerle el juego a la contra-revolución, o se le tachaba a uno de conflictivo, o peor aún, de querer crear fisuras dentro del sandinismo, de atentar contra la unidad (386). 
La revolución suele ser un sinfín de miserias, escasez, guerra y muerte, inducidas por sus enemigos que acaba pervirtiendo la ilusión y la alegría con que se suelen iniciar esos procesos de cambio radical. Belli logra en su libro mostrarnos los mil y un hechos y sucesos que van entorpeciendo y transformando los objetivos iniciales. 

¿Solo es un libro sobre la revolución sandinista? 

No. Tan interesante como el proceso de la revolución es el proceso personal de Gioconda Belli, de ahí el bello título de El país bajo mi piel, que aclara en el subtítulo. Belli empieza su andadura como adulta (matrimonio, maternidad, militancia política) muy joven, siendo veinteañera. Este libro es una narración de su manera de sentir, de experimentar, de encontrar la literatura, el amor, el desamor, la amistad… Además tuvo que exiliarse y construir una vida provisional en Costa Rica con todo lo que eso le suponía personalmente. 

El amor ocupa un espacio fundamental en el libro, las relaciones que establece con los hombres de los que se enamora, las crisis personales que sufrió y cómo maduró en su forma de amar. 
A las mujeres nos educan desde niñas para complacer. Nos entrenan para ser camaleones de nuestros hombres, adaptarnos a ellos. Si no nos detenemos a tiempo nos despersonalizamos. Reconocer esto me costó mucho dolor y no quería repetirlo (280). 
Esta parte más personal, perfectamente imbricada con la política resulta muy interesante y nos permite conocer a una mujer valiente que arriesgó mucho para vivir de forma auténtica. Se equivocó también mucho, no lo oculta. Un ser humano realmente atractivo por su manera de enfrentar la vida. 

Un párrafo a destacar 

Igual que la vida surgió de acomodos y reacomodos, la organización social que nos lleve a la plena realización de nuestro potencial como especie, surgirá de flujos y reflujos en las luchas y esfuerzos que hacemos, como conjunto, en las diversas regiones del planeta. (…) si las victorias pueden ser un espejismo, también pueden serlo las derrotas (413). 

Un libro interesante

viernes, 2 de septiembre de 2016

ISRAEL YEHOSHUA SINGER, La familia Karnowsky

Si  no recuerdo mal fue Gilles Rozier quien recomendaba la lectura de este autor en De un país sin amor. Israel Yehoshua pertenecía a una familia cuyo padre era un rabino jasídico y su madre hija de rabino, nacido en Polonia en 1893. El jasidismo es un movimiento religioso ortodoxo y místico dentro del judaísmo, surgido en Bielorrusia y Ucrania en el siglo XVIII tras las persecuciones sufridas por las comunidades judías.


Los tres hermanos Singer (Esther, Israel e Isaac) se dedicaron a la literatura, siendo el menor, Isaac Bashevis, premiado con el Nobel. Israel empezó a escribir a los dieciocho años y sus primeros escritos aparecieron en 1916 en la prensa europea en yiddish. En 1921 empezó a trabajar como corresponsal para el diario norteamericano Forverts y en 1934 emigró a EUA. La familia Karnowsky fue publicada en 1943.

Formidable sentido narrativo

Si por algo destaca esta novela es por su sentido narrativo, Israel Y. Singer relaciona y encadena los hechos con una gran maestría. La sucesión de hechos que se desarrollan en esta novela viene determinada por el principio de causalidad, todo tiene un  “antes” del que provienen los hechos y un “después” al que se dirigen. Dicen que la novela judía, tanto en yiddish como en otras lenguas, se caracteriza por dicho sentido narrativo porque deriva de la oralidad de la cultura judía ligada a la diáspora. No sé si es cierto o no, pero en este caso la narración en torno a la familia Karnowsky es extraordinaria.
Esta novela se extiende a lo largo de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y está dividida en tres partes que reciben el nombre del abuelo David, el hijo Georg y el nieto Yegor. Las dos primeras partes transcurren en Berlín, con una parte inicial en Melnitz (en la Gran Polonia), hasta la ascensión de los nazis al poder en 1933 y la tercera se sitúa en Nueva York, ciudad que los acoge cuando salen huyendo de Alemania, como a miles de personas judías.
El relato sigue el curso de la historia familiar y desde el punto de vista de las peripecias de la familia Karnowsky es magnífica. Sin embargo la novela va mucho más lejos…


¿De qué trata en realidad esta novela?

Trata de la identidad judía pintando, además, un cuadro del trasfondo social muy interesante. La clave de la novela es el conflicto de las personas judías que trataban de asimilarse a las sociedades en las que estaban asentadas desde hacía cientos de años, por ejemplo en Alemania que es el caso de esta novela, y que en su afán por hacerlo van abandonando rasgos importantes de su cultura. Este intento de asimilación, que ha sido descrito por muchos escritores/as, provocó incluso que  rechazaran a otras personas judías recién llegadas de la Europa oriental y no percibieran el creciente antisemitismo que se estaba desarrollando. O en una última vuelta de tuerca que negaran incluso ser judíos como ocurre con Yegor cuya madre era gentil. Este fragmento es muy clarificador:
La vida es como un bromista, rabí Karnowsky; disfruta jugando malas pasadas. Los judíos querían ser judíos en sus casas y gentiles fuera de ellas. Llegó la vida y volvió las tornas: somos gentiles en nuestras casas y judíos fuera de ellas (213).
El cuadro que pinta Israel Y. Singer sobre el trasfondo social en el que vive la familia Karnowsky a través de las relaciones familiares, de vecindad y de amistad, consigue meternos en la época y trasciende el tema del judaísmo para ir mucho más lejos y llegar a valores universales. El papel de las mujeres, del matrimonio, de la relación paterno-filial, de la identidad nacional y cultural, todos son temas que se van imbricando para construir un edificio de gran solidez que impresiona conforme transcurre la lectura. Y al compás de todas estas relaciones van emergiendo personas de todo tipo: generosas y mezquinas, sabias y prepotentes, gentes que odian y gentes que aman. En esta línea, el final de la novela es impresionante, conmovedor y tierno.

Un párrafo que hace referencia a uno de los personajes más nobles y generosos de la novela, el Doctor Fritz Landau

El párrafo se refiere al rechazo de Landau a la I Guerra Mundial y al rechazo que le causa que el Partido Socialdemócrata Alemán, al que pertenecía, la apoyara:
¡Diré la verdad al propio Emperador!Como una llama se inflamaba en la cervecería de Petersile contra los líderes del partido, unos líderes que dejándose arrastrar por sentimientos patrióticos habían dado su apoyo al presupuesto de guerra.(…) Eran unos incultos patanes que no conocían otra cosa más que la sucia política y la reverencia ante las coronas y las charreteras. Por esta razón se convertían tan fácilmente en asesinos y carniceros (150).
Y en la misma línea, cuando los nazis ganan las elecciones:
Desde vehículos abiertos, los nuevos líderes de la nación uniformados arengaban a los que allí estaban congregados. Las masas coreaban, respondían con alzamiento de brazos, y gritaban como presas de histeria. Yegor sintió que la sangre le subía a la cabeza y le transmitía una fuerza interior que nunca había tenido. Quería realizar grandes hazañas, excepcionales y heroicas. Se encontró a sí mismo alzando el brazo, vociferando y repitiendo las consignas, al unísono con los miles de entusiastas (289).
El autor supo intuir, antes de que ocurriera, puesto que la novela se publicó en 1943, el horror que se estaba preparando en Alemania.

No me queda sino recomendaros esta obra maestra. Una de las mejores lecturas de este año sin duda. 

jueves, 25 de agosto de 2016

DANUBIO


Llegue al Danubio en Budapest, llevaba conmigo el libro de Magris, el que me había provocado los deseos de hacer el viaje. Después de recorrer un rato la ribera del rio, empapándome de todo lo que significaba para mi desde el punto de vista literario, me senté bajo la escuálida sombra de un arbusto y, mirando el Parlamento y los zapatos que se han convertido en un recuerdo de los fusilamientos de judíos que luego eran lanzados al Danubio, me puse a leer.


Budapest es la más hermosa ciudad del Danubio; una sabia autopuesta en escena, (…). Budapest da la sensación física de capital, con un señorío y una autoridad de ciudad protagonista de la historia. (…)
No por casualidad, a comienzos de siglo, Budapest fue la cuna de una extraordinaria cultura que se preguntaba, con el joven Lukács pero no únicamente con él, que relación existía entre el alma y las formas, si detrás de lo inesencial múltiple existía una esencia de la vida y qué relación subsistía entre el funcionamiento de las cosas tal como son y la autenticidad del deber ser (241).

Mirando ese rio turbio, sabio y grande (Joseph Attila), descansé mi vista en sus aguas y supe que estaba en mi “patria”, esa que no es territorial, ni mucho menos étnica, esa patria de los libros, de la empatía humana, del reconocimiento mutuo, del rechazo de la invasión del estado y de la razón de estado en cualquier esfera de la existencia. Mitteleuropa.


viernes, 19 de agosto de 2016

LOUISE PENNY, Enterrad a los muertos

¿Por qué esta novela? 

Por un par de motivos, primero la novela negra me encanta, los que hace más tiempo que pasáis por este espacio lo sabéis. Sin embargo leo poca últimamente, me tienen atrapada otros contenidos y autores/as. En segundo lugar esta novela fue un regalo de cumpleaños que quería leer para agradecérselo a una compañera de trabajo reciente con la que he sintonizado gracias, de nuevo, a la lectura. 


Recordando la diferencia entre novela negra y policiaca

Importante diferencia porque mi atracción es hacia la novela negra, apenas me llama la atención la policíaca. Dice Dominique Manotti que la novela negra nos indica que la condición natural de nuestra sociedad es el desorden bajo una apariencia ordenada que no puede tener final feliz casi nunca. La novela negra disecciona la realidad contemporánea. En cambio la novela policial es literatura de evasión, con distintos grados de violencia, en la que el mensaje es que la policía nos protege y siempre resuelve los delitos para que podamos dormir tranquilos.



Enterrad a los muertos es novela negra

Este género literario se caracteriza por cinco características que utilizaré una vez más para hablaros de esta novela:

Un crimen a investigar
En este caso no es un crimen sino dos, la muerte del Ermitaño que vive en una cabaña en medio del bosque de Quebec y la muerte de un arqueólogo aficionado, Augustin Renaud, investigador de la figura de Samuel de Champlain, fundador de la ciudad de Quebec en 1608.

Un policía o detective que descubre al culpable
Tampoco es un solo policía sino dos, aunque forman parte del mismo equipo: el inspector jefe Armand Gamache, verdadero protagonista de la novela y Jean-Guy Beauvoir. Los dos policías pertenecen a la división de Homicidios de Canadá: la de la Sûreté de Quebec. Resolverán los dos asesinatos cuando concluye la novela.

Una contextualización humana y social del hecho criminal
La novela contextualiza los crímenes tanto desde el punto de vista histórico, urbano, climatológico y político. En esta novela encontraremos muchos fragmentos que nos hablan de la dureza del clima de Quebec, de la calidez de sus casas, de la ciudad amurallada y de sus edificios históricos, entre los que se encuentra la biblioteca de la Sociedad Literaria e Histórica de la comunidad anglo, de su pasado lejano (la fundación de la ciudad) y más reciente (la violencia de los independentistas en los años sesenta) y la separación y desconfianza de las dos comunidades de Quebec (la mayoritaria que es francesa y la anglo que es minoritaria).

Personajes realistas, con matices, dudas y contradicciones, como Émile Comeau, mentor de Armand Gamache y en cuya casa se refugia. Cualquiera de los voluntarios/as de la Sociedad Literaria e Histórica o del bistró de Three Pines son personas derrotados y en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos, algún atisbo de ella. Ya no digamos Augustin Renaud, un personaje estrafalario, solitario y obsesivo cuyo interés único es encontrar la tumba de Champlain.

Una estructura narrativa impecable en la que los hechos se narran siguiendo un hilo conductor claro, pese a la complejidad de la historia doble y evocaciones retrospectivas de historias anteriores que están presentes en la narración (la historia de Champlain, del Ermitaño y del atentado en el que el protagonista estuvo a punto de morir) y que no desvela hasta el final. La habilidad de la escritora para narrar varias historias a la vez y pasar de la esperanza a la desconfianza es enorme.

Un párrafo sobre la biblioteca protagonista de la novela
Gamache observó a Winnie recorrer la biblioteca entre las estanterías que iban del suelo hasta el techo, las alfombras indias esparcidas por el suelo de madera noble, la mesa larga de madera y, junto a ella, los asientos: dos sillones de cuero y el sofá en el que él estaba sentado. (…) Las ventanas arqueadas abrían huecos entre las librerías e inundaban la sala de luz, cuando había luz que atrapar (31).
Y otro sobre la historia
Muchas de las cosas que conocemos como historia no lo son. Los acontecimientos se exageran, se inventan héroes, se redefinen los objetivos para que parezcan más nobles de lo que eran. Todo para manipular a la opinión pública y fabricar un enemigo u objetivo común (323).
Cuando acabas de leer la novela tienes unas irresistibles ganas de viajar a Quebec y conocer sus heladores inviernos.

viernes, 5 de agosto de 2016

PENELOPE FITZGERALD, La librería

Su pequeña historia previa 

Había leído El inicio de la primavera, hace cinco años y me había olvidado de la autora por completo. Me la recordó la revista de literatura Turia con un interesante artículo y me pareció oportuno leer otra de sus obras. Dado lo que me gustan los libros y las librerías, opté por esta obra. 
En primer lugar, y para despejar dudas, no estamos ante una novela de esas que se publican para que piquemos aquellas personas que nos gustan los libros, entre otras cosas porque está escrita en 1978, mucho antes de la moda que nos invade en la actualidad sobre este tipo de literatura. 



Su autora 

Penelope Fitzgerald (Lincoln 1916- Londres 2000) es una escritora muy peculiar puesto que escribió su primera novela con sesenta años. Empezó tarde pero a partir de ahí no paró: autora de nueve novelas, tres biografías, cuentos, ensayos, poemas y reseñas literarias, ganó el Booker en 1979 con su tercera novela, A la deriva, aunque ya había sido finalista con La librería y volvería a serlo con dos más. Se hizo mundialmente famosa con La flor azul, novela con la que gano en EUA, el ‘National Book Critics’ Circle Award, cuando ya tenía 80 años. A Fitzgerald se la considera legítima heredera de Jane Austen de cuya literatura fue siempre una acérrima defensora. 


La novela

En La librería, la autora describe con precisión la idiosincrasia de un pequeño pueblo costero de Suffolk que en 1959 ve como Florence Green abre una pequeña librería (y biblioteca). Las fuerzas vivas se oponen a tal aventura porque tenían otros planes para el lugar que Florence, Old House, había comprado para ello. Aun cuando cuenta con algunos apoyos, los poderes fácticos la acorralaran hasta que logran que la librería se cierre y Florence se marche de la localidad. 
He explicado la historia porque en realidad en sí misma es bastante insustancial, sin embargo la autora, que escribe cada una de sus obras convirtiéndolas en una pieza única, tiene un estilo al narrar que convierte un tema común en algo especial. 
En La librería, la imposibilidad del entendimiento humano se convierte en el centro de la obra junto con la construcción de personajes que no parecen pertenecer a la sociedad en la que viven como el Sr. Brundish, único defensor, entre las fuerzas vivas, con el que contará Florence. 
La autora tiene una gran facilidad para explicar, con pocas pinceladas, detalles certeros de los personajes y de la historia que narra. La propia escritora inventó un término para describir su género: “tragifarsa”. En efecto, mezcla con gran habilidad lo trágico con lo burlesco en sus historias, por ejemplo cuando describe a la propia Florence en la página 10: 
Era pequeña de aspecto, delgada y huesuda, un poco insignificante vista desde delante y completamente insignificante por detrás. 
Aunque su literatura es realista, propone al lector un pacto para creer en la fantasía, en esta obra con la existencia de un poltergeist caprichoso que vive en Old House y del que no os cuento nada más. 

Un párrafo que me ha gustado hace referencia a la opinión que le da el Sr. Brundish sobre Lolita de Nobokov: 
Es un buen libro y, por lo tanto, debería intentar vendérselo a los habitantes de Hardborough. No lo entenderán, pero será mejor así. Entender las cosas hace que la mente se vuelva perezosa (120). 
Me costó captar el humor de Penelope Fitzgerald, por eso una parte de la novela la leí con cierta distracción.

viernes, 29 de julio de 2016

GILLES ROZIER, De un país sin amor

No veo TV, no veo series por internet, no leo periódicos, apenas escucho la radio, soy una desinformada voluntaria que busca mantener la mente casta como decía H. Thoreau. ¿Por qué suelto esta andanada? Porqué este libro, pese a mi alejamiento de ella, lo vi en la prensa, no recuerdo exactamente dónde, pero es posible que fuera en el Babelia, lo único que ojeo, y con desconfianza, del periódico en el que esta sección va incluida. 



Antes de nada algunas aclaraciones… 

El título hace referencia a los lugares, en este caso concreto Polonia, del que tuvieron que marchar los judíos en el periodo de entreguerras. Un país sin amor, un país donde Dios no estaba, pese a su arraigado catolicismo, tal y como se recoge en la contraportada. Como sabéis quienes me leéis con cierta asiduidad, me interesa mucho el periodo entre las dos guerras mundiales y la II Guerra Mundial y, más si cabe, la literatura mitteleuropea. Esta novela entra de lleno en ambos temas con un tema para mi desconocido, la Yiddishland, es decir, el “reino judío” que no tenía fronteras políticas sino lingüísticas (se extendía entre el Vístula y el Rin). 

Yiddishland, se dice en la novela, es como una red lanzada sobre Europa, una especie de red reticulada unida por un fluido que unía pueblos y ciudades a través del yídish, lengua hablada por unos ocho millones de personas. En esa red a escala de un continente se desarrollaron una literatura, un teatro, periódicos, una red de relaciones que hacía que un vecino de Riga, pudiera leer en un periódico en yídish cualquier noticia de Varsovia, una ciudad distante casi mil kilómetros. 

Algo me ha rondado por la cabeza mientras leía esta novela ¿Qué ha quedado de esta cultura, de esta literatura? Y la respuesta es desoladora, apenas nada, fue convertida en cenizas con el Holocausto, una dimensión de la tragedia que nunca había pensado. En Israel se impulsó el hebreo y el yídish, la lengua de muchos judíos emigrados de Centroeuropa, se fue marginando hasta casi su extinción. 

El autor 

Gilles Rozier nació en Grenoble en 1963. Es traductor de yídish y hebreo y dirige la Casa de la Cultura Yídish_Biblioteca Medem de París. Es autor de diversas novelas y relatos de los que solo se han traducido dos novelas, la primera Un amor clandestino (2006) y esta que comento. Actualmente vive en París. 



¿De qué trata la novela? 

No resulta fácil sintetizarlo, desde luego hay una historia muy bien narrada que logra captar la atención del lector/a, pero hay temas como la amistad, la memoria, el olvido, el amor a una lengua y una cultura, que sobrepasan la historia narrada. 
Sulamita Kacyzne, una anciana recluida en su palacio romano donde ha construido un espacio de la memoria en la planta alta de su mansión, le cuenta a un joven francés (Pierre), que se ha puesto en contacto con ella, mil historias sobre ese “reino judío” que usaba el yídish como lengua principal. El punto de partida son tres escritores, Uri Zvi, Peretz Markish y Melej Rawicz, que formaban parte de la Unión de Escritores y Periodistas de Varsovia y que escribían sus obras en yídish. 
Cada escritor evoluciona de una manera diferente ante los acontecimientos, se desplaza por diversos países de Europa, o del mundo, permitiéndonos ir conociendo cómo se fue fraguando la tragedia que estalló con toda su crueldad en 1939 pero que ya hacía tiempo que se venía cobrando víctimas, por ejemplo con los pogromos contra las comunidades judías, entre un antisemitismo extendido y aceptado por gran parte de la población europea. 
Al hilo de estas historias personales se van tejiendo otras historias, van apareciendo otros escritores y escritoras, ciudades (Viena, Moscú, Vilna, Jerusalén), etc. 
El joven Pierre y la anciana Sulamita construirán una relación de amistad y de amor que nos permite conocer sus vidas personales, sus vicisitudes marcadas por los acontecimientos históricos y su amor por los libros y por la cultura.

¿Cómo reconstruir mi reino? Lo intenté en mi biblioteca. Por eso he consagrado sesenta años a reunir estas decenas de miles de documentos, pero ¡qué difícil es colocar sobre unos estantes el contenido de un espíritu humano! Mis muros están tapizados con libros. Elija uno, siéntese en el sofá. No se levantará antes de haberlo terminado (121). 
Hay capítulos muy interesantes, por ejemplo el 29, que habla sobre el genocidio y los supervivientes. Pero no piensen quienes me siguen leyendo a estas alturas de la reseña que ese tema inunda todo el libro porque no es así. Hay descripciones de los cafés de Viena, de las tertulias literarias en la Varsovia de los años veinte, de las bibliotecas de unos y otras realmente deliciosas y que nos transportan a un mundo que fue barrido violentamente llevándose consigo una riqueza cultural desconocida para los europeos/as actuales.

Uno de los párrafos que me han gustado… 

Ya soy muy mayor, pero la guerra me ha enseñado una cosa: si queremos sobrevivir, nunca debemos sentirnos superados por las circunstancias (242). 

Este libro tiene otra virtud importante… lo que explica es hoy reconocible, es fácil sobresaltarse ante las similitudes que van apareciendo en nuestro camino mientras leemos. Nos provoca preguntas, dudas, en definitiva, nos puede proporcionar claves sobre el comportamiento humano muy útiles para comprender el presente y que el futuro no nos supere.

viernes, 22 de julio de 2016

YASAR KEMAL, Calor amarillo

¿Cómo llegué a este libro? 

Fueron Wineruda y Atticus quienes me recomendaron la lectura de Kemal, el primero me dijo que este Calor amarillo era “brutalmente bello”. Todo vino al hilo de la reseña que hice sobre La bastarda de Estambul, ahí podéis encontrar los comentarios de ambos. 


¿Cuál es el contenido de Calor amarillo? 

Se trata de veintiún relatos de pequeña extensión (en torno a las diez páginas) exceptuando cuatro o cinco que son más largos. Todos ellos tienen como escenario la llanura de Çukurova (en el Taurus turco) y, añadiría, que están unidos también por el calor, amarillo (título del primer cuento de la serie), y la pobreza. 
El sol, que caía a plomo, nublaba su entendimiento. Caminaba tambaleándose; el suelo ardiente le quemaba los pies, como si a través de sus zapatos rotos le hubiesen entrado brasas (19). 
En todos los cuentos están presentes personajes, que viven en pequeñas aldeas, dedicados a la agricultura, la ganadería y el pequeño comercio, que sobreviven como pueden a la explotación, al machismo y a la injusticia. Los relatos describen con minuciosidad la vida de los desheredados, aplastados por un trabajo que, muchas veces, resulta infructuoso por las condiciones en que se ven obligados a desarrollarlo. Las condiciones de explotación de mujeres y niños/as resultan muchas veces angustiosas como es el caso de las mujeres en “Una fea historia”.

En Calor amarillo el protagonista indiscutible es el pueblo bajo, sus problemas cotidianos, sus dificultades para cubrir sus necesidades más elementales como la comida y su trabajo para extraer el fruto de la tierra. Pero que nadie espere una visión idealizada de éste porque no la encontrará, las rencillas, envidias, rencores y odios, pueblan muchas de estas historias. También encontraremos actos de rebeldía, de orgullo y de solidaridad. La realidad, aunque quizás realidad de otro tiempo, trasiega por todas estas historias. 


¿Quién es Yasar Kemal? 

Nació en Adana en 1923 y murió en 2015 en Estambul. Escritor, periodista y reportero, procedía de una familia de origen kurdo. Calor amarillo fue su primer libro de cuentos publicado en 1952. Kemal vivió una vida azarosa y difícil con frecuentes estancias en la cárcel por motivos políticos. Fue un eterno candidato al premio Nobel que no llegó a conseguir. 

Su estilo… 

… es sencillo, vinculado con la tradición oral de los cuentos de Asia Menor, coloquial y siempre con una fina ironía que hace muy fácil su lectura si se logra empatizar y sintonizar con unas historias que, a veces, parecen a años luz de nuestra realidad. La defensa del honor y la venganza que se desprende de dicha defensa puebla muchos de estos relatos.
Sus descripciones del paisaje, montañas y llanuras del Taurus, así como el clima, especialmente como ya he dicho, el calor estival, resultan lo mejor, para mí, de estos cuentos.
No puedo ocultar que me costó entrar en las historias y que, aunque lo logré, los temas me resultan en parte ajenos. Digo en parte porque en ellos hay emociones y circunstancias universales y, por ahí, transité para no descolgarme de las narraciones, a veces, repetitivas. Algunos cuentos me han impactado como “El recién nacido”, “El tendero”, “Lagarto verde” y el mencionado, “Una fea historia”. 

Mi fragmento favorito… 

Un vaho azul lo envolvía todo: los pinos, la enorme roca, el suelo rojizo, las hierbas, las flores, las blancas nubes del cielo… Todo, el horizonte, los pájaros que pasaban volando… La fina espuma blanca que había sobre el mar también estaba envuelta por un vaho azul. El Egeo es así. Un vaho azul lo envuelve todo. De ahí su encanto (171). 

¿Quién no desearía viajar a ese Egeo de vaho azul tras leer estas líneas? Una Turquía desconocida y, quizás, inexistente hoy, que aporta un acercamiento al mundo rural, fuera de Estambul.

viernes, 15 de julio de 2016

LUIS ALBERTO DE CUENCA, Cuaderno de vacaciones

De nuevo un poemario. De nuevo una dificultad para escribir algo que tenga interés desde mi dificultad para hablar de poesía. De nuevo un intento para el que pido disculpas por anticipado si resulta irrelevante lo que digo. 



El poeta 

Luis Alberto Cuenca es madrileño, nació en 1950 en pleno franquismo. Es profesor de Investigación del CSIC y académico de número de la Real Academia de la Historia desde 2010. Y además escribe poesía por la que ha sido premiado en numerosas ocasiones. En 2015 ha sido galardonado con el premio Nacional de Poesía por este Cuaderno de vacaciones


Un poema 

El maquillaje es sospechoso siempre.
Tú, recién levantada de la cama, 
sin nada que no sea tu glorioso
cuerpo gastado por las decepciones
y por los desengaños, pero erguido
como un árbol al viento de la vida
que se lo lleva todo por delante:
esa es mi religión, esa es la única
visión de lo sagrado que conozco (130). 

El poemario 

Contiene 85 poemas escritos en los veranos comprendidos entre 2009 y 2012. El autor los ha agrupado en ocho epígrafes que aspiran a ordenar temáticamente la lectura. En todo caso lo que une estos poemas, como el autor señala en una nota, es su escritura gozosa, vacacional, su fusión con el ocio, un vicio comparable al de la poesía. Hay poemas hermosos, destilan una ironía suave con un guiño de sonrisa madura que te llega adentro. Poemas que sueltan un polen de lecturas y amor al mundo clásico. Versos logrados que palpitan cuando los lees y que vuelven a ti después de pasadas unas horas. Sin embargo, no he logrado conectar con sus poemas excepto en algunos de ellos. 

Otro poema 

Cuando te veo triste y melancólico,
próximo ya a la ruina cenicienta,
me permito decirte (en estos versos,
porque a la cara no me atrevería) 
que aún respias (lo que es inevitable
cuando se sigue vivo), que hay películas
todavía que ver, y geologías
caprichosas y océanos en llamas
y tesoros escitas y crepúsculos
que admirar, y novelas que leer,
y connivencias mágicas, y copas
feéricas que apurar.(…) (82). 

Leed poesía, como dice de Cuenca es un vicio de los más entrañables y deliciosos.

viernes, 8 de julio de 2016

FRÉDÉRIC PAJAK, Manifiesto incierto. Con Walter Benjamin, soñador abismado en el paisaje. La inmensa soledad. Con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, huérfanos bajo el cielo de Turín.

La pequeña historia que hay tras estos libros…

Tras leer El oficio de vivir, un comentario de Atticus me condujo a este autor, su propuesta fue La inmensa soledad. Con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, huérfanos bajo el cielo de Turín. Indagué sobre el libro, me picó la curiosidad, pero el precio era un poco caro y lo deje aparcado de momento. Sin embargo, el autor se volvió a cruzar en mi camino lector con este Manifiesto incierto y ya no pude aparcarlo, así que decidí probar con esta obra. A las treinta páginas decidí comprar La inmensa soledad y tras otras lecturas breves me embarqué en su lectura. 




“Ensayo gráfico”, ¿un nuevo género?

Así se denomina, en la pestaña del libro, lo que escribe Pajak. ¿Por qué esta fórmula? Porque el autor combina dibujos, que él mismo realiza, con texto, sin tratarse de un comic o de una novela gráfica. El dibujo no ilustra el texto o al contrario, sino que a través de los dos medios, dibujo y texto, analiza, interpreta y evalúa un tema. Por tanto es un ensayo en el amplio sentido de la palabra en el que la parte gráfica refleja las reflexiones que el autor realiza a través de la palabra.
Tampoco estamos ante un ensayo al uso sobre un autor (o varios), en este caso Walter Benjamin, Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, puesto que la figura de estos escritores se entremezcla con capítulos sobre acontecimientos actuales que analiza el propio Pajak, por ejemplo los atentados terroristas de Bolonia en agosto de 1980, o sobre las sensaciones que le sugieren diversas ciudades, el mar o la lluvia.
No soy ninguna experta para afirmar que se trata de un nuevo género, pero sí puedo decir que es una propuesta original que no se parece a ninguna otra.



¿Quién es Frédéric Pajak?

Podemos amar el trabajo, la rigidez de los gestos obligatorios.
Podemos también amar el caos, la duda, la torpeza, el error. 
Podemos amar no elegir, o incluso elegir no elegir (102).



Es un (atractivo) francés nacido en 1955 en Altos del Sena y que es dibujante, escritor y editor. Hace veinte años fundó la editorial “Les Cahiers Dessinés” donde publica la obra de dibujantes y, además, es escritor e ilustrador. Es autor de una veintena de obras y desde la publicación de La inmensa soledad (1999) ha desarrollado este peculiar tipo de ensayo al que pertenece también Manifiesto incierto.

¿De qué trata el Manifiesto Incierto?

En primer lugar señalar que desde 2012 Pajak trabaja en un proyecto del que, en Francia, ya se han publicado cuatro volúmenes y que pretende ser una reflexión contra los totalitarismos y en defensa de la tolerancia y de la libertad de pensamiento. Este Manifiesto que gira en torno a la figura de Benjamin es el primer volumen
.

Walter Benjamin (Berlín 1892-España 1940) advirtió en numerosos escritos sobre las amenazas del totalitarismo, especialmente, del alemán. Encontró, como muchos otros escritores que tuvieron que huir a partir de 1933 de Alemania, una total incomprensión que minusvaloraba, desde la ignorancia y la estupidez, el crecimiento del monstruo (y no me refiero a Hitler o Mussolini, sino a millones de personas que colaboraron con ellos) que asoló Europa. Hoy, la extrema derecha y, con ella, la xenofobia, el rechazo de millones de europeos, contra los extranjeros y refugiados, que les votan, el egoísmo nacionalista que, desde la insolidaridad, clama contra las contribuciones de los ricos a los pobres (da igual que el contexto sea el de clase social, el autonómico con el famoso “España nos roba” del independentismo catalán o el ya estamos hartos de pagar para los zánganos del sur que se escucha en Inglaterra o en Alemania) asimilado incluso por una izquierda (incluso izquierda antisistema) que se ha tragado el anzuelo de la casposa “unión sagrada” que provocó la matanza, por ejemplo, de la Iª Guerra Mundial.
Si el enemigo triunfa, ni siquiera los muertos estarán a salvo (167).
Pajak defiende en su discurso, jalonado de imágenes impactantes, el librepensamiento, la justicia social, el igualitarismo y la mirada al pasado para encontrar las clarividentes advertencias sobre el peligro del totalitarismo de pensadores como Benjamin.



¿De qué trata La inmensa soledad?

En este caso gira en torno a Nietzsche y Pavese y la ciudad de Turín. El autor busca las similitudes en la vida de ambos: huérfanos de padre, crecieron en un ambiente femenino, ninguno de los dos consiguió que las mujeres les amaran. Ambos tuvieron una vida breve e intensa y vivieron en Turín, una ciudad peculiar. En esta ciudad Nietzsche perdió la razón y Pavese se suicidó.

Walter Benjamin

Embarcó en Hamburgo el 7 de abril de 1932 en el buque Catania con destino a Barcelona y de allí embarco hacia Ibiza:
Walter Benjamin sube a bordo, con poco equipaje, quizá una maleta ligera de “fibra vulcanizada” que guarda bajo la litera, en un camarote de tercera.De estatura media, corpulento, es un hombre corriente ataviado con un traje oscuro, cara regordeta, pelo a cepillo que grisea en las sienes y un bigote negro que aspira a ocultar los labios carnosos de un “epicúreo sensible”. El grueso cristal de gafas redondas le achica los ojos (39).
Benjamin es escritor ¿O tal vez pensador, lector, traductor…? Tiene, al menos, fama de ser un autor incomprensible. ¿Filósofo? En todo caso parece que intentaba conciliar la tradición judía, el comunismo y los ideales anarquistas (43-44). Consideraba que desde Bakunin, a Europa le ha faltado un concepto radical de libertad (52) y le preocupaba que, con la victoria del comunismo y el fascismo se había aniquilado al individuo en el interior de la masa. Para Benjamin la subjetividad es muy importante y ésta había quedado prohibida en los años treinta.
En su “Experiencia y pobreza” se dirige al hombre perdido a tenor del 30 de enero de 1933 y describe un presagio:
Nos hemos vuelto pobres. Hemos ido diseminando la herencia de la humanidad pieza por pieza, hemos tenido que empeñar ese tesoro enorme en el monte de piedad, a menudo por una centésima parte de su valor, a cambio de la calderilla de lo actual. Tenemos la crisis económica a las puertas, y tras ella una sombra, la guerra que se prepara (73).
A lo largo de siete años, de 1933 a 1940, vagó entre Francia, España, Dinamarca e Italia. Su vida hecha añicos se asemeja a esos fragmentos escritos que lo ocultan tanto como lo revelan (74).



Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese
Predomina en La inmensa soledad, Nietzsche, se nota que a Pajak le interesa más esta figura, sobre Pavese nada nuevo me ha aportado tras leer El oficio de vivir. No quiero alargar esta reseña innecesariamente, os dejo un fragmento interesante como este del biógrafo de Nietzsche, Curt Paul Janz:
Conservo la imagen de una figura trágica. Primero debido a las terribles enfermedades, dolores inaguantables que lo acompañaron a lo largo de su vida y contra los cuales tuvo que luchar de manera permanente. Pensaba que se debían al clima: ésta es la razón de que buscara sin cesar el lugar en el que se sentiría mejor. Su vida fue especialmente dolorosa. La substancia de su filosofía son las pasiones. No es un filósofo cerebral, del discernimiento, un filósofo del conocimiento distanciado y descarnado. En él todo tiene su origen en la experiencia, en las emociones. Su filosofía es un combate consigo mismo, con el cristianismo y las interpretaciones del cristianismo (253)

 Os convoco a dejaros tentar por Frédéric Pajak. Son libros de “lectura lenta”.