viernes, 17 de febrero de 2017

FERNANDO ARAMBURU, Patria

A veces una novela se hace omnipresente en el entorno virtual o real, si además llega a casa sin ser yo quien la compra, la tentación acaba siendo excesiva para resistirla. Sus 642 páginas no me animaban en exceso pero aprovechando la parte final de las vacaciones de navidad, me lance a la aventura.
He leído la novela en paralelo con una amiga, las primeras páginas (más de cien) no me entusiasmaron en exceso mientras que mi amiga confesaba estar enganchada. El motivo era que los personajes me parecían demasiado estereotipados y al servicio de lo que el autor  opina respecto a la violencia terrorista en el País Vasco de los últimos años, incluido el abandono de las armas actual.


Hay un capítulo, hacia el final de la novela, “Si a la brasa le da el viento” (549-554), en que un escritor explica su motivación para escribir una novela de las atrocidades cometidas por la banda terrorista. En dicha intervención señala que hay libros que van creciendo dentro de uno a lo largo de los años en espera de la ocasión oportuna de ser escritos. El escritor apunta a que su motivación para escribir sobre el tema era doble: la empatía que les profesaba a las víctimas del terrorismo y el rechazo que le suscitaba la violencia u otras agresiones dirigidas contra el Estado de Derecho. Además de otros aspectos, este escritor que bien pudiera ser el alter ego  de Aramburu dice escribir sin odio contra el lenguaje del odio y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias. Si atendemos a estas explicaciones se entiende bastante bien qué es Patria.

¿Y qué es Patria?
Me parece que se trata de dar una visión del terrorismo de ETA, de las víctimas que causó y del trasfondo que dio legitimidad a los asesinatos de ETA en el País Vasco a través de la ficción. Siendo ficción ¿se le puede pedir objetividad? Me parece que no, es ficción y el autor tiene licencia para recrear una realidad desde su perspectiva de novelista. La novela gira en torno al asesinato del Txato, un pequeño empresario hecho a sí mismo que se niega a pagar el impuesto revolucionario a ETA en un pequeño pueblo cercano a San Sebastián. Precisamente que el entorno sea una localidad pequeña en la que todo el mundo se conoce da pie al autor para describir el agobiante ambiente de control social que impusieron los medios abertzales del entorno de ETA. Dos familias amigas se convierten de pronto en enemigas, la del Txato y la familia de un miembro de ETA por motivos políticos muy primarios puesto que ninguna de las dos familias estaba comprometida políticamente de forma evidente. Las dos familias sufren, las dos familias tienen algunas diferencias respecto a lo ocurrido y la trama se estructura alrededor de los personajes de estas familias.

Por último señalar que ETA nació en un seminario y, que yo recuerde, nunca un atentado tuvo como objetivo a un miembro del clero católico.  El cura de ese pequeño pueblo no sale nada bien parado.

La novela es simplista en ocasiones, sus personajes luchan por salir del maniqueísmo, no está mal escrita y estructura bien la trama, Aramburu escribe una trama para transmitir un mensaje político intentando que su historia la pueblen personas con sentimientos, contradicciones, problemas económicos o emocionales. Quizás quiere tocar muchas teclas y los más de cuarenta años de violencia en el País Vasco no son fáciles de plasmar ni en la ficción ni a través de otros géneros.

La realidad es que hoy hay una lucha abierta en el País Vasco sobre la construcción del relato de lo ocurrido durante los más de cuarenta años de violencia terrorista. Quienes se disputan el éxito del relato de lo sucedido pretenden que sea aceptado por la mayoría, repetido por los ajenos y tomado por cierto por quien nada tiene que ver con ellos. Para el historiador Antonio Rivera en la actualidad hay una amenaza de que se implante un relato inocuo sobre la violencia terrorista del último medio siglo. Cada brecha social (y esto lo aplica al País Vasco) suele ir acompañada de un relato que oculta la verdad de lo sucedido (la historia) para así restañar las heridas internas, reconciliar a determinadas élites y cuerpos sociales, y derivar hacia otro lado o hacia la nada las responsabilidades. Patria cumple su función en esta batalla por controlar el relato de lo sucedido. 

viernes, 10 de febrero de 2017

EXPURGO DE LOS ENSAYOS DE MONTAIGNE

Como dije en la anterior reseña, he leído Los ensayos de Montaigne en un libro prestado por la Biblioteca, la edición de Acantilado es cara y no tenía claro que me acabara gustando la obra. Ya me rondaba por la cabeza comprármela cuando Wineruda me envió un correo diciéndome que había una edición  de Cátedra presentable y a buen precio en una web que ambos visitamos con frecuencia (Wineruda sabe todos sus secretos, yo soy solo una aprendiza).



Como me fío de su habilidad para encontrar buenas ediciones baratas, lo compré inmediatamente. Ahí tenéis la imagen de Los ensayos acompañando al Discurso de la servidumbre voluntaria de su amigo Étienne de La Boétie.
Comprar libros de segunda mano suele conllevar alguna sorpresa, en este caso me encontré con que el libro que acababa de comprar había sido objeto de expurgo. He encontrado una definición en la que se afirma que el expurgo consiste en apartar materiales de la biblioteca, momentánea o definitivamente, con el fin de dar mayor operatividad y eficacia a la gestión de la colección, ajustando ésta a las necesidades reales de los/as usuarios/as".



El expurgo como puede comprobarse se hizo en la biblioteca de un Instituto de Secundaria de la Comunidad de Madrid. Me pregunto ¿qué tipo de ignorancia inspiró a quien hizo dicho expurgo? ¿operatividad y eficacia?

Me dolió tanto saber que había sido expurgado que decidí explicarlo aquí para protestar de tamaño error que solo pudo ser producto de la ignorancia. 

viernes, 3 de febrero de 2017

MICHEL DE MONTAIGNE, Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay). LIBRO III

A lo largo de 2016 he leído esta obra dejando transcurrir entre los tres libros un tiempo para que no monopolizara mis lecturas y también respirar entre ellos. En mayo de 2016 acabé el primer libro, en octubre el segundo y en enero de 2017 el tercero, 1681 páginas que terminan con una serie de sentencias e inscripciones pintadas en el gabinete y biblioteca del autor.

Michel de Montaigne se retiró a los 38 años de la vida pública y se hizo acondicionar una habitación en la segunda planta de la torre que formaba parte de su castillo en la que ubicó su biblioteca y su gabinete de estudio.

Desde esas estancias con aberturas a los cuatro puntos cardinales, Montaigne escribió la mayor parte de su obra, en concreto Los ensayos. El techo de la biblioteca está compuesto por dos vigas maestras y cuarenta y ocho traviesas, pintadas de blanco, en las que están escritas, en negro, sentencias griegas y latinas, frases breves o versos de autores antiguos. 



Algunas de las que me han gustado… 

Vivir con poco y no sufrir ningún mal (Teognis).

La completa autarquía conforma el verdadero placer (Sotades).

Goza felizmente de lo presente. El resto te es ajeno (Eclesiastés, 2,24 y 3, 22).

Solo es cierto que nada es cierto, y nada es más miserable y más orgulloso que el hombre (Plinio). 

Mis conclusiones, por así decir (las citas serán del III Libro)… 

1. 
Se trata de una obra inmensa, no solo por el número de páginas, sino por su contenido. Se trata de una obra para releer aquí y allá. Sin embargo es imposible conocer todo su caudal si no se produce una lectura primera a partir de la cual se puede releer cuando deseemos y recordar alguno de los múltiples temas que trata Montaigne. 

2. 
Destaca en la obra lo que escribe sobre sí mismo en múltiples temas: desde sus costumbres a su vivienda, desde sus gustos lectores a cómo experimentó la vejez, desde las enfermedades a lo que comía y cómo lo hacía, etc. etc. Siempre le daba a su vida personal una dimensión universal que recogía en la afirmación: todo hombre lleva la forma entera de la condición humana. 

3. 
Montaigne fue lo más parecido a un “político”. Se retiró pronto de la vida activa y las razones aparecen aquí y allá a lo largo de Los ensayos. Muchas de sus observaciones son plenamente actuales, por ejemplo su manera de entender las leyes (del III Libro, cap. XIII): 
(…) las leyes mantienen su crédito no porque sean justas, sino porque son leyes. Este es el fundamento místico de su autoridad, no tiene otro. (…) A menudo están hechas por necios, las más de las veces por gente que, por odio a la igualdad, carece de equidad, pero siempre por hombres, autores vanos e inciertos (1601-1602). 

4.
Como humanista es universalista y rechaza las identidades territoriales, algo que también hoy está de plena actualidad (del III Libro, cap. IX): 
(…) considero a todos los hombres compatriotas míos, y abrazo a un polaco como a un francés, posponiendo el lazo nacional al universal y común. (…) La naturaleza nos ha puesto libres y sin lazos en el mundo; nosotros nos aprisionamos en ciertos rincones (1450). 

5. 
Apertura de miras, tolerancia, apuesta por el diálogo, relativismo, viajero (no conozco mejor escuela para la vida), rechazo del fanatismo, de la estupidez… Todo esto y mucho más, convierten a Montaigne en un hombre honesto que sigue estando vigente hoy. 

6. 
La lectura de la obra me ha dejado tan buen sabor de boca como para viajar a la torre de Montaigne y darme un garbeo por Burdeos

viernes, 27 de enero de 2017

PHILIPPE CLAUDEL, La nieta del señor Linh

Es la tercera novela que leo de Claudel y las tres me han gustado (para mí la mejor continúa siendo El informe de Brodeck). Las dos anteriores tenían como trasfondo una guerra, Almas grises, la Iª GM y El informe de Brodeck, la IIª GM, esta que hoy comento la guerra de Vietnam.



La guerra

La guerra facilita que emerja la maldad que permanece invisivilizada, salvo excepciones, en tiempos de paz. Es habitual en su literatura, por lo que voy viendo, que el narrador haga un registro de sucesos como si se tratara de un caso policial, marcando distancias, o tratando de ser objetivo, respecto al tema. Como decía en El informe de Brodeck,  Claudel escribe con una prosa bella y envolvente y  por medio de sutiles pinceladas cuenta lo que significa ser refugiado en un país alejado del propio como consecuencia de una guerra.
El autor describe en paralelo su pequeña aldea en Vietnam con la gran ciudad a la que lo llevan (ciudad francesa posiblemente aunque nunca se menciona su nombre, al igual que en las novelas anteriores), por ejemplo, cuando le dan su primera sopa:
La sopa es como el aire de la ciudad que ha inspirado al bajar del barco. No tiene auténtico olor, auténtico sabor. El anciano no reconoce nada en ella. No encuentra el delicioso picor de la hierba limón, la dulzura de cilantro fresco, la suavidad de las tripas cocidas. La sopa entra en su boca y en su cuerpo, y de pronto siente toda la incertidumbre de su nueva vida (13).
Rememora la guerra, casi sin mencionarla y el trauma causado (solo al final de la novela conoceremos su verdadera dimensión).

El tema: “ser refugiado”

Esta novela fue publicada hace 11 años, nada tiene que ver con la guerra en Siria, sin embargo tiene plena actualidad. Desgraciadamente las guerras siempre tienen actualidad y la huida en busca de refugio de las personas que las padecen también.
El señor Linh huye de su aldea masacrada buscando refugio, en sus brazos lleva a su nieta Sang Diu (“Mañana dulce”) y una pequeña maleta con una fotografía descolorida y un saquito de tierra para recordar su país. Es un anciano al que le cuesta entender lo ocurrido y que difícilmente podrá adaptarse a su país de acogida, pero tiene que vivir para cuidar de su nieta de pocos meses.
¿Por qué se ve obligado a alejarse de tantas cosas? ¿Por qué el final de su vida no es más que desaparición, muerte, entierro? (90).
Contra todo pronóstico encuentra un amigo, el Sr. Bark, en la ciudad en la que lo instalan.
La novela está llena de tristeza y dolor, pero también de ternura y amor (amor entre abuelo y nieta y amor ente los dos amigos que apenas se entienden con palabras). En muchos momentos provoca, incluso, sonrisas por los equívocos que se producen entre los amigos que se entienden sin entenderse.


Una novela interesante, de plena actualidad. A más de una persona le vendría bien leerla para no ver amenazas donde no las hay.

viernes, 20 de enero de 2017

PIERRE LEMAITRE, Nos vemos allá arriba.

Una novela sobre la Iª Guerra Mundial
Fue publicada en vísperas de la conmemoración del centenario de la Gran Guerra en 1913 y traducida al español en pleno centenario. No quiero afirmar que se hiciera intencionalmente pero sí oportunamente.
La novela trata de la inmediata postguerra, se divide en tres capítulos (noviembre de 1918, noviembre de 1919, marzo de 1920) y un epílogo. La narración arranca en los últimos días de la guerra cuando un oficial, d’Aulnay-Pradelle, ordena una absurda ofensiva en la que mueren algunos soldados innecesariamente y quedan heridos otros como es el caso de Albert Maillard y, especialmente, Édouard Péricourt. Estos tres personajes quedaran unidos por las circunstancias, especialmente los dos soldados, ya que Albert cree que le debe la vida a Édouard.
La novela trata, por tanto, de la postguerra más que de la guerra.


Albert Maillard y Édouard Péricourt
Estos dos personajes son los protagonistas de la novela. Dos jóvenes envejecidos con rapidez por influencia de la guerra que compartían la dura vida de las trincheras sin apenas conocerse; dos jóvenes de origen social diferente (Albert de origen humilde y Édouard de familia rica) pero igualados por la guerra; dos soldados desmovilizados que sufren la miseria de la postguerra y sobreviven como pueden.
En el fondo, Albert se apuntó a una guerra stendhaliana y se encontró con una prosaica y salvaje matanza que causó mil muertos diarios durante cincuenta meses (25).
Albert y Édouard protagonizan la novela, pero es la época la que da vigor a la historia. Una época, la de la belle époque, que lo fue para quienes supieron aprovechar las ventajas del fin de la guerra y especular, utilizar las influencias y las amistades en beneficio propio como es el caso de d’Aulnay-Pradelle. En cambio, quienes habían sobrevivido tras afrontar la guerra y las heridas físicas y psicológicas, sufrieron el olvido, la miseria y las dificultades de adaptación a los tiempos de la paz.
Albert lamentaba que el gobierno, que para frenar la inflación había instituido un “vestuario oficial” a ciento diez francos, no hubiera creado también una “ampolla nacional” de morfina a cinco. O el “pan nacional”, el “carbón nacional”, el “calzado nacional”, el “alquiler nacional” e incluso el “empleo nacional”. Se preguntaba si no era con ese tipo de ideas como uno se convertía en bolchevique (150).
La novela narra, a través del intento de tomar la revancha de ambos protagonistas, la personalidad de ambos jóvenes-viejos, sus entornos sociales, sus problemas y sus momentos de felicidad, los avatares políticos y familiares en que se ven envueltos aunque indirectamente y los traumas y secuelas de la guerra.

La novela cuenta con numerosas virtudes
Bien escrita, Pierre Lemaitre consigue vincular con soltura varias historias que se entremezclan sin llegar a perder la pareja, Albert y Édouard, el protagonismo de la historia.
Bien contextualizada, el autor es capaz de pintar un fresco de la población francesa, especialmente parisina, en la dura postguerra que siguió a la carnicería que significó la guerra entre 1914 y 1918.
Bien caracterizada la psicología de los personajes que van acompañando y desfilando al lado de Albert y Édouard (de hecho el autor ejerció varios años como psicólogo).

Y sin embargo, mis sensaciones son contradictorias
Percibiendo las bondades de la novela, no puedo dejar de apuntar que en gran parte de la novela, falta emoción, empatía hacia sus personajes, calidez al presentarnos a esos dos exsoldados maltratados durante la guerra y olvidados en la postguerra. Esa emoción existe en la última parte de la novela, las últimas cien o ciento cincuenta páginas.
Édouard acaba siendo un personaje estrafalario y dramático, anulado por su pérdida del habla, que pierde su personalidad hasta el punto de no querer vivir. La tragedia que arrastra Édouard, nos la cuenta su padre, que nos irá dando pistas sobre las razones por las que no desea volver a casa pese a la riqueza familiar. Sin embargo, se quedan en el camino algunos aspectos que deberían haber tenido su protagonismo como su supuesta homosexualidad.

Una frase:
Hasta las mayores alegrías dejan un poso de tristeza. En toda experiencia hay siempre un sentimiento de carencia (236).
El balance es positivo sin entusiasmo.



viernes, 13 de enero de 2017

POESÍA, EMOCIONES PARA 2017

Quiero empezar este año con la emoción que siempre me proporciona la poesía.

Reseño poca poesía, me cuesta mucho hacerlo. Es tan íntima que casi nunca se me ocurre qué comentar o qué resaltar, pero en mi mesita de noche siempre hay un libro de poemas que, a veces, se eterniza allí porque leo poco a poco y releo los poemas que me han gustado una y otra vez. Este es el caso de este libro de dos poetas que se encuentran entre mis favoritas, especialmente la Tsvetáieva.




ANNA AJMÁTOVA

Le gustaban tres cosas en la vida:
pavos reales blancos, canciones al atardecer,
y desgastados mapas de América.
Detestaba el lloriqueo de los niños,
confitura de frambuesa para el té
y la histeria femenina...

     Y yo era su mujer...

MARINA TSVETÁIEVA

¡Feliz Año Nuevo! ¡Feliz luz y mundo nuevo, refugio,
reino nuevo feliz! Para ti, esa primera carta
en tu nuevo lugar -no de verdes praderas
de flores esmaltadas, sino de honda resonancia clamorosa
como una hueca torre de Eolo-. Para ti,
esta primera carta, escrita desde tu patria
-donde gimo sin ti- que es ya hoy
sólo una entre las estrellas... Leyes
de separación y retirada, que convierten
también en una más a la amada y devuelven
a la inexistencia lo mejor.

(fragmento del poema ¡Por el Año Nuevo!).

Poesía para construir buenos augurios que nos sean beneficiosos en el 2017.


viernes, 6 de enero de 2017

LEER EN U-TOPÍA...

LEER, LEYENDO, EMBEBIENDO PALABRAS, COMIENDO VOCALES, PENSANDO FRAGMENTOS, RIENDO CAPÍTULOS, SUFRIENDO CON LETRAS (en la imagen están los que ando leyendo a la vez, mi libreta de notas lectoras, algunas de mis bolsas de libros, una vela...).



Como bien sabéis, leo sin descanso, mucho menos de lo que quisiera, mucho más de lo que a mi alrededor ocurre (por fortuna en el mundo virtual he encontrado personas que leen mucho, mucho más que yo misma). Cuando acaba el año, cuento los libros que he leído, no por batir récords, sino por el placer de repasar lo que he leído, no es un dato importante para mi.

He comprado muchos libros, más de los que puedo leer en varios años, los compro en librerías pero también por internet, me regalan y regalo libros, compro bolsas que tratan sobre libros, cuando viajo las librerías y las bibliotecas forman parte de mi curiosidad viajera. Este año me he emocionado en la biblioteca de la Abadía de Melk y en muchas librerías húngaras y austriacas. Compro postales de lectoras/es, tengo amistades virtuales cuya base son los libros (por supuesto también amistades presenciales con las que intercambio libros). He cambiado impresiones sobre libros con libreras, autores/as, incluso editores/as.

Mi vida es mucho más que libros, pero no concibo la vida sin libros.

Que en este 2017, como dice Marina Tsvetáieva, podamos seguir encontrándonos en U-TOPÍA para hablar de libros vivos, libros de esos que están tan vivos que siempre temes que sigan su camino y cambien mientras no los estás leyendo.

viernes, 30 de diciembre de 2016

DAVID FOENKINOS, Charlotte

Esta novela se coló por delante de otras muchas por motivos que no vienen al caso, no la empecé a leer con demasiado entusiasmo y menos cuando vi que tenía un estilo peculiar, frases cortas a la manera de versos sin serlos ni pretenderlo. Parece que el autor eligió esa forma porque no era capaz de escribir esta historia de otra manera. La verdad es que resulta fácil adaptarse a ella y al poco ya no te das cuenta de esa manera tan peculiar de narrar.



¿Quién es Charlotte? 

Una niña, una adolescente, una joven cuya vida es una tragedia. Su familia es muy desdichada por los reiterados desequilibrios mentales que conducen a algunos de sus miembros al suicidio. Así que Charlotte vive su niñez y adolescencia condicionada por las desgracias familiares, los secretos que guardan ante ella y la soledad. Pero a Charlotte le condicionará tanto o más que su familia, su olvidada e insignificante condición de judía que la atrapara, convirtiéndose en determinante, para conducirla a Gurs y, finalmente, a Auschwitz. 
Mientras tanto, Charlotte canalizará su sufrimiento, su soledad, su silencio a través de la pintura, a través del color. Con los pinceles contará y vivirá su vida, será su vida.
Un narrador, el autor, es quien nos relata la biografía de Charlotte y, a la vez, irrumpe en la novela para mostrarnos como siguió cualquier pista que le llevará hacia esa mujer que lo cautivó por completo. 

El trasfondo 

Tan interesante como la biografía de Charlotte es el trasfondo histórico del primer tercio del siglo XX europeo que va aflorado aquí y allí para ponernos en situación. El escenario es Alemania, pero aparecen otros lugares, especialmente Francia, donde Charlotte y sus abuelos maternos se refugian huyendo del nazismo para acabar en una ratonera en la que cualquiera podía sentirse con derecho a denunciar la presencia de una joven judía (extraña por más señas por su obsesión por la pintura). 

El amor 

El amor está presente en la vida de Charlotte aunque solo sea en momentos puntuales y queda embarazada en el peor momento posible. Su amor por Alfred será tan intenso que cuando éste conozca su verdadera dimensión, quedará apabullado. La familia, un pilar fundamental en la vida de Charlotte, será disgregada y fracturada de forma irremediable por el nazismo. 

Fragmentos

Existe un punto preciso en la trayectoria de un artista.
El momento en que su propia voz empieza a hacerse oír.
La densidad se propaga por ella, como la sangre en el agua (55).
...
Hay cuerpos que son consuelos (36).
...
Tiene teorías sobre cómo colocar los libros. 
Muy en especial la de la buena vecindad.
El libro que estamos buscando no tiene por qué ser el que debemos leer.
Hay que mirar el de al lado (63).
...
¡El suicidio es una muerte que se le hurta al enemigo! (141).

Esta novela no trata del nazismo… 

…trata de Charlotte, una mujer especial, introvertida, creativa y luchadora.

viernes, 23 de diciembre de 2016

ELIZABETH STROUT, Me llamo Lucy Barton


La compré porque había leído muchos elogios de ella, mi librera también me habló bien (pero ahora me parece recordar que no lo hizo con entusiasmo, le tendré que volver a preguntar) y además es una de las premiadas con el Premio Pulitzer. La portada es estupenda. La contraportada está llena de elogios de otros escritores. 


Sin embargo… 

… no me ha dicho casi nada. La lectura aguantó hasta mitad del libro, parecía que apuntaba bien aunque no acababa de crecer, cosa peligrosa porque solo tiene 208 páginas de lectura esponjada. Y no creció, al contrario, disminuyó hasta dejarme desilusionada por una historia blanda, sin fuerza, sin interés. 

La enfermedad de Lucy permite el reencuentro con su madre que va a cuidarla cinco días al hospital. Los diálogos con la madre nos muestran de dónde viene Lucy hasta llegar a Nueva York, la ciudad de los infinitos encuentros, y de que el amor entre una madre y su hija permanecen pese a los inconvenientes de la vida. 

No quiero insistir más en un libro que no me ha gustado. Siempre que ocurre que una novela, sobre la que hay unanimidad en que es buena, no me gusta, me deja desconcertada, quizás no era el momento o quizás la leí tras un autor difícil de igualar, Imre Kertész. No creo sinceramente que sean esas las razones, pero… 

Un párrafo (de lo poco que he subrayado): 
La soledad fue el primer sabor que había probado en mi vida, y seguía allí, oculto dentro de la cavidad de mi boca, recordándome (53). 
Siento no tener nada más que decir. Debería no haber hecho la reseña, pero me gusta decir No cuando una lectura resulta frustrada

viernes, 16 de diciembre de 2016

SIRI HUSTVEDT, El verano sin hombres

Hacía tiempo que no leía nada de Hustvedt, tanto que no existía este blog y por eso no hay reseña de los dos libros que he leído: Todo cuanto amé y Elegía para un americano. El primero fue una agradable sorpresa y el segundo redujo mis expectativas, quizás por eso y porque publica dejando pasar años entre una novela y otra, no había vuelto a leer nada suyo. Fue una compañera de trabajo quien me lo trajo tras hablarme un día de cuánto le gustaba esta autora tras leer su última novela, Un mundo deslumbrante


¿Agradable sorpresa o decepción? 

Más bien lo primero, leí la primera frase y ya no pude dejar de leer esta historia:
 Poco tiempo después de que él dijera la palabra pausa me volví loca y tuvieron que ingresarme (11).
Hustvedt cuenta una historia interesante en la que las protagonistas principales son mujeres, unos personajes que resultan creíbles y que cuentan sus cuitas una vez que la mayoría ha pasado años de relación con hombres. Quizás por eso se esmeran en vivir un verano sin hombres.

Un grupo de adolescentes, una madre joven o la hija de Mia, la protagonista Mia Fredricksen en la cincuentena y el grupo de amigas “los Cisnes” que están al final de sus vidas con edades comprendidas entre los ochenta y cien años. 

En un tono ligero, con momentos de humor vitalista, se van desgranando las vidas de las mujeres, sus preocupaciones, sus mezquindades, su amistad, sus reflexiones sobre el amor y sobre los hombres con los que han convivido, mientras Mia va saliendo del pozo de locura al que le llevó su marido cuando le pide una pausa y se marcha a vivir con una joven.

Bien escrita… 

Me gusta la manera en la que escribe Hustvedt, su prosa poética te atrapa y te seduce. La aparente ligereza de la historia que cuenta, no evita un poso de tristeza por los estragos de la vejez y el paso del tiempo, tras una historia casi cómica se esconden temas trascendentales. Resulta original el interpelar al lector/a para hacerle algún comentario como que no se desesperen, los amables lectores, por la falta de acción porque pronto harán algo los personajes. Lo sé porque lo he vivido (112). De la misma manera, los pequeños dibujos que aparecen en la narración son guiños al lector. 

Me gusta este fragmento… 

Mi cabeza era un almacén de multiloquios, un flux de mots, una miríada de contrarios que discutían y debatían y se desafiaban unos a otros en un enfrentamiento mordaz y que sólo se acallaban para volver a empezar a discutir una y otra vez. A veces ese murmullo interno me agotaba (108). 

Y como no, este otro… 

Un libro es producto de la colaboración entre el lector y el texto y, en el mejor de los casos, ese encuentro da lugar a una historia de amor como cualquier otra (180). 

Una historia de amor… con un final previsible, lo más decepcionante para mí de la novela puesto que todo conducía a otro desenlace. Una novela que se lee con facilidad y que me ha ido muy bien en un momento de intenso y pesado trabajo.

viernes, 9 de diciembre de 2016

HANNA KRALL, Ganarle a Dios

Con ese título tan contundente y comprometido esta breve obra, sustentada en un peculiar diálogo entre la autora y Marek Edelman nos guía en uno de esos episodios históricos dignos de conocer: el levantamiento que se produjo en el gueto de Varsovia por parte de sus últimos habitantes en 1943.


Edelman fue el único superviviente de los cinco comandantes del gueto y a través de sus recuerdos y de su vida posterior, se van desgranando en el libro los sucesos más destacados. No esperemos un orden cronológico en los hechos, ni un relato continuado de lo sucedido, este Ganarle a Dios es otra cosa, es una reflexión sobre el ser humano expuesto a situaciones límite cuando tiene que tomar decisiones como vivir o morir, como morir o morir con dignidad luchando, como salvar a unos y abandonar a otros. Dilemas que aparecen entre las páginas de este libro que están preñadas de vida y de muerte, de esperanza y decepción. 

Cuando se puede salvar una vida practicando la medicina, tras ver tanta muerte, alguien puede estar tentado de pensar que le ha ganado la partida a Dios. En todo caso, al margen de creer o no que esa partida es ficticia, es balsámico conocer que en el infierno puede sobrevivir cierta dignidad que salva al ser humano… si eso es posible. 

Una lectura recomendable y de lectura lenta.

viernes, 2 de diciembre de 2016

ORHAN PAMUK, Me llamo Rojo

Desde que leí Estambul. Ciudad y recuerdos, tenía ganas de leer otra de sus novelas y que esta no fuera tan autobiográfica como Estambul. Me costó encontrar este ejemplar de bolsillo y páginas amarillentas por el paso del tiempo y por su uso, ya que se trata de un ejemplar de una biblioteca cerrada (y supongo que sus libros vendidos). Aunque algunas páginas tienen el sello de la biblioteca, no consigo ver de dónde era. Me gusta mucho tener este ejemplar tan manoseado y viejo, tengo la sensación de haber rescatado un libro de su destrucción definitiva.  

El tema 

Su extensión de 687 páginas ha hecho que el libro me haya acompañado durante casi tres semanas por disponer de poco tiempo. Me llamo Rojo tiene tres temas principales. Una intriga desencadenada por el asesinato de dos personas y que no se descubre hasta el interesante penúltimo capítulo, “Me llamarán Asesino” (cap. 58). El segundo tema es el amor. El tercer tema es un asunto muy querido por Pamuk y que ya aparecía en Estambul, los símbolos para reflejar el choque y la interconexión de las culturas, especialmente al ser Turquía un país de frontera, entre Oriente y Occidente. En esta línea de contraposición entre culturas, Pamuk nos habla de la manera de entender la pintura islámica. El Corán prohíbe la iconografía, por tanto, la producción artística en Persia, Afganistán, Paquistán, Turquía y otros países musulmanes se orientó a través de artesanos que nunca firmaban sus obras. Eran solamente ilustradores de libros (nada de imágenes en cuadros, alfombras o tapices, todo quedaba limitado a ilustrar libros. La prohibición de las imágenes puede hacer caer a quienes se atrevan a pintarlas en la idolatría.


Las tradiciones de los ilustradores islámicos implicaron en el siglo XVI ignorar la perspectiva para evitar aberraciones, la planitud y la posición del horizonte por encima del marco de la pintura, como si el espectador estuviese muy alto, es la forma de ver el mundo por parte de Dios. 

La trama se articula alrededor del deseo del Sultán de que se realice un libro sobre su reinado para impresionar a los gobernantes venecianos para que teman al imperio otomano y se avengan a negociar. Para lograr dicho objetivo había que adoptar el estilo de los “francos” (de occidente) y apartarse de la tradicional manera de hacerlo en oriente que suponía entrar en colisión con la ortodoxia islámica. Cuatro artistas trabajarán en secreto, elaborando un libro lleno de imágenes nuevas, entre ellos el asesino.

¿Cómo consigue hacer compatible los tres temas señalados? 

Pamuk estructura la novela en 59 capítulos a través de los cuales presenta a los personajes de la novela (Negro y los demás ilustradores, Seküre, Esther, Tío, etc.), introduciendo múltiples narradores que nos dan su punto de vista personal sobre los diversos temas. Dota de vida, y los convierte en personajes, a un perro (cap. 3), a un árbol (cap. 10), al dinero (cap. 19), un color (cap. 31), a un caballo (cap. 35), al diablo (cap. 47), y también a algún personaje muerto y al propio asesino.

A partir de esta técnica, los temas se van entrecruzando al compás de conversaciones, luchas, odios, intrigas y coacciones. El ser humano es el gran protagonista de esta novela, un ser humano contradictorio que trata de buscarse la vida sorteando las dificultades de la época.

Me llamo rojo (cap. 31 y título de la novela) responde a la pregunta ¿en qué consiste ser un color (rojo)? 
-Si lo tocáramos con la punta de un dedo sería entre el hierro y el cobre. Si lo cogiéramos en la mano, quemaría. Si lo probáramos tendría un sabor pleno como de carne salada. Si nos lo lleváramos a la boca, nos lo llenaría. Si lo oliéramos, olería a caballo. Si oliera como una flor se parecería a una margarita, no a una rosa roja (316). 
Nunca había leído que un color se transformara en personaje. Fantástica la descripción del rojo (¿se parece a una margarita?). 

Un fragmento 

Resulta muy difícil elegir un fragmento entre los que tengo resaltados, he seleccionado esta reflexión: 
Si se nos presenta la ocasión siempre preferimos creer que hacemos por un objetivo más loable las maldades que estamos dispuestos a hacer por nuestros miserables intereses, por los sentimientos que nos hacen arder de pasión o por el amor que nos convierte en seres desilusionados (…) (206). 
Y uno breve pero muy bello 

(…) si el rostro de vuestra amada vive grabado en vuestro corazón, el mundo sigue siendo vuestro hogar (64). 

Mi recomendación es que leáis a Pamuk, merece la pena situarnos en la encrucijada entre oriente y occidente. Merece la pena no olvidar la represión sistemática y el fanatismo que están sufriendo muchos ciudadanos/as en Turquía en la actualidad.

viernes, 25 de noviembre de 2016

THOMAS BERNHARD, Goethe se muere

No había leído nada de Bernhard hasta este libro de relatos, me parece que puede ser un buen punto de partida para seguir leyendo a este autor. 
He leído que Bernhard quería que estos cuatro relatos se publicaran juntos, sin embargo la realidad fue que aparecieron separados en diferentes publicaciones hasta ser editados tal como quiso en 2010 (dos años después apareció la edición española).


Pese al interés de su autor porque aparecieran juntos, los cuatro relatos narran historias diferentes si bien hay algunos aspectos que son comunes. 

1º Los personajes de estas historias son de carne y hueso y viven de verdad. No se trata de que las historias que cuentan sean verídicas o próximas a nosotros/as, se trata de que las emociones que contienen son universales. 

2º El autor posee una lengua literaria propia, aunque en estos relatos ofrece muy pocos detalles de la historia que cuenta, emplea la expresión de sentimientos, emociones, visiones, etc. a través de la evocación. La ironía, la provocación y la irreverencia emergen en sus relatos y más de una vez nos sorprende y nos deja asombrados y sonrientes o tocados por lo que dice. 

3º Dicen que Bernhard es un maestro del pesimismo, desde luego estos relatos destilan propensión a juzgar lo que narra por su aspecto más desfavorable, especialmente los tres relatos que acompañan al que da nombre al libro. 

En “Goethe se muere” encontramos a Goethe en puertas de la muerte queriendo conocer al filósofo Wittgenstein que vivió siglo y medio después que él. Bernhard admiraba a Wittgenstein, el más grande de todos (25), y lo demuestra con esta situación imposible, haciéndole decir a Goethe que el Tractus estaba por encima de su Fausto y de todo lo que él había escrito o pensado (34). 

En “Montaigne”, que he leído con especial interés, el autor construye a partir de la elección de un libro de Montaigne a escondidas, una trama sencilla y original. 
Había ido a la biblioteca y había cogido de los estantes un libro filosófico, con conciencia de estar cometiendo un crimen, porque a sus ojos simplemente entrar en la biblioteca era ya un crimen, y un crimen mucho mayor aún coger un libro filosófico de los estantes… (49). 
En “Reencuentro”, el relato que más me ha impresionado, se centra en el conflicto generacional entre padres e hijos desde una perspectiva tremendamente pesimista pero llena de ironía que quizás provoca que impacte más. 
Los padres hacen hijos y procuran por todos los medios aniquilarlos, dije, mis padres lo mismo que los tuyos y todos los padres juntos y por todas partes. Los padres se permiten el lujo de tener hijos y los matan. Y todos tienen sus métodos más diversos, como corresponde. Nuestros padres nos aniquilaron al reprocharnos continuamente que éramos culpables de su intranquilidad y, en definitiva, de todo lo que a ellos se refería. Nuestros padres nos echaron la culpa de todas las culpas, esa es la verdad (91). 
Cierra el libro “Ardía”, el relato más intimista y más vinculado al propio autor puesto que hace una crítica desgarradora a su país, Austria. 
Y cuando del gobierno austriaco, que, como sabe, es el más estúpido gobierno del mundo, y del clero católico austriaco, que ha sido siempre el más taimado del mundo, apenas veía ya más que restos socialcristianos y católicos y nacionalsocialistas en aquel desierto calcinado negrogris, respiré profundamente, aunque tosiendo, aliviado (115). 
Me parece que si Bernhard viviera para ver el giro de la ciudadanía austriaca hacia la extrema derecha, su opción de retirarse dentro de sí se acrecentaría.

viernes, 18 de noviembre de 2016

AMOS OZ, Judas

Fue la lectura en la prensa de una reseña sobre esta novela la que me empujó a iniciarme en este autor, entonces decidí no leerla y dejar paso a su novela más conocida, Una historia de amor y oscuridad

Disfruté mucho leyendo esta historia de amor y oscuridad, una novela autobiográfica que, como la vida misma, se movía entre la luz y la oscuridad, entre el amor y las emociones más oscuras. Toda la narración era un juego, o una encarnizada lucha, entre la luz y todo aquello que pugnaba por impregnar la vida de negrura y oscuridad. En cierta manera Judas trata de lo mismo aunque el aspecto autobiográfico, si existe, es más sutil. 


¿El tema trata de Judas? 

Sí, trata de Judas, un traidor para el cristianismo, el prototipo de judío que vende a alguien que ama a cambio de unas monedas. Sobre el estereotipo de judío, el nazismo y el antisemitismo europeo anterior envenenó (y envenena) la imagen llena de subjetividad que tenemos de esta comunidad, agravada por la política del Estado de Israel, especialmente derechista en los últimos años. Hay que hacer un verdadero ejercicio de ruptura con esos estereotipos, para ello Amos Oz y otros escritores/as (entre ellos algunos de mis favoritos: Imre Kertész y George Steiner) nos pueden ayudar, para desembarazarse de muchos tópicos cargados de antisemitismo.

Judas, no solo no fue un traidor sino el primer cristiano de verdad, el primero que creyó que Cristo resucitaría, el primer decepcionado que optó por colgarse al ver que había conducido a la muerte a Jesús. La traición por unas monedas es imposible puesto que es el único de los apóstoles que tenía una posición económica acomodada. 

Este planteamiento sobre Judas es la base de una investigación universitaria que lleva a cabo el joven Shmuel Ash. Este joven ve como su vida se tambalea cuando su novia le abandona, su familia se arruina y él debe dejar los estudios y buscarse la vida. Parece encontrar la solución en un anuncio en el que se ofrece habitación y comida a cambio de dar conversación durante cuatro horas a un anciano inválido que vive recluido en una casona de Jerusalén. 

¿Qué ocurre en la casa? 

Esta es una historia del invierno de finales del año cincuenta y nueve y principios del sesenta. En esta historia hay error y pasión, hay amor no correspondido y cierta cuestión religiosa que queda aquí sin resolver (11). 
La casa es un lugar especial, con un pequeño jardín con pozo, escalones de acceso a la casa inestables, habitaciones cerradas, muchos libros y una enigmática mujer en la cuarentena, Atalia. Oz pone todos los ingredientes para que la historia de Atalia, su suegro (el anciano al que Shmuel acompaña), su marido muerto en la primera guerra que afrontó Israel y el recuerdo de su padre, Abravanel, capten nuestra atención. 

Las emociones que unen a estos personajes, así como el trasfondo de las diversas posiciones que se pusieron de manifiesto cuando se fundó el nuevo estado de Israel, se entretejen de tal manera que la novela capta nuestra atención hasta un final abierto que no decepciona. Y es que Abravanel proponía acordar la convivencia con la población árabe y no imponer la creación de un estado judío, posición minoritaria que provocó la acusación de traición, como a Judas, por parte de su entorno político y personal. 

La traición como tema… 

TRAICIÓN, una palabra llena de odio, de agresividad, especialmente si se entiende como delito cometido contra un deber público, como la patria para los ciudadanos o la disciplina para los militares o la fe para los creyentes. El estigma cae sin remedio contra las personas críticas, contra quienes piensan de manera diferente en los momentos de fervor (nacionalista, religioso o político). De eso trata esta novela, de la incomodidad de quien lleva ese estigma que lo convierte en un apestado condenado a la soledad y el silencio, cuando no al asesinato (como ocurrió, por ejemplo, con el socialista Jean Jaurès).

Un fragmento 

Thomas Mann escribió en alguna parte que el odio no es más que amor al que se le ha añadido el signo matemático de menos . Los celos son la prueba de que el amor se parece al odio, pues en los celos se mezcla el amor y el odio. En el Cantar de los Cantares, en un mismo versículo, se nos dice que “fuerte como la muerte es el amor, duros como el sepulcro los celos” (140). 
Una buena novela… de esas que nos abren interrogantes, que nos dejan con ganas de saber más, que nos emocionan. 

Un defecto: hay errores tipográficos que a mí me molestan mucho.

viernes, 11 de noviembre de 2016

MATHIAS ENARD, Brújula.

Me ha costado casi un mes leer esta novela, pide lectura lenta aunque no es excesivamente voluminosa, 430 páginas de una buena edición. Empecé a leerla en un momento de vuelta al trabajo que no favorecía su lectura, empecé más lenta de lo habitual (digo lenta en mal sentido, esa lentitud que dificulta coger el hilo), sabía que tenía entre manos buena literatura, así que no me apuré y dejé que la lentitud se transformara en lectura lenta, cogí el hilo y lo fui tejiendo con parsimonia, disfrutando del contenido y del estilo de escribir de Enard.


No había leído nada suyo, ahora sé qué debo hacerlo. Mathias Enard es un francés enamorado de Oriente y de Barcelona puesto que en esta ciudad vive y ejerció (desconozco si lo sigue haciendo) de profesor de árabe en la Universidad Autónoma.

Cual Ulises de mi admirado Joyce, Brújula se desarrolla en una larga noche de insomnio en la que Franz Ritter, con una enfermedad indescifrable, evoca su vida de adulto. Vive en Viena, cuyas imágenes mantengo frescas en mi mente tras visitarla este verano, en un apartamento desde el que ve como empieza a nevar. Es musicólogo, lo que nos dará la oportunidad de disfrutar de sus saberes sobre música que más de una vez me han llevado a internet a buscar las piezas de las que habla, así que es una novela musical, o así permanecerá en mi memoria. 


Franz tiene un gran amor, Oriente Próximo, así que sus evocaciones transcurren por Estambul, Alepo (sí, la destruida Alepo, de la que habla antes y después de la guerra que la está destruyendo sistemáticamente), Damasco, Teherán, pero también el oriente de Oriente (China, India…). Viena es la puerta de oriente, parece increíble pero es así, los turcos estuvieron a sus puertas. Rememorando a Oriente, el autor hace gala de su erudición, sin que sea una barrera para seguirle en sus evocaciones, y nos habla de música, de arte, de literatura y con todo ello nos va desgranando deliciosas anécdotas de los y las orientalistas que irá conociendo en sus viajes. La influencia de Oriente en Europa y en sus escritores/as es enorme, a veces es un orientalismo subjetivo, inventado, pero no por ello menos relevante. 

Franz tiene otro gran amor: Sarah. Una pelirroja francesa, de origen judío, que adora también Oriente y a la que conoce entre ese ambiente de orientalistas del que os he hablado. El amor de Franz hacia Sarah inunda todas las páginas de esta novela, un amor imposible, un amor que quizás es la causa de la enfermedad indescifrable que padece al estilo del joven esclavo árabe de la sevdalinka (canción) que he tenido en mi lateral desde hace tiempo y que pertenece a una tribu de Yemen, los asra, que mueren cuando aman (p. 411). 

Pero Brújula no se acaba en estos dos amores que lo inundan todo, el autor nos habla de la actualidad en Siria, del nazismo y de su persecución a muerte contra los judíos austriacos, del yihadismo, de Europa, que quizás ha perdido el norte por su defectuosa brújula (una broma que le gasta Sarah a Franz), del opio, de la prostitución…, resulta imposible resumir esta novela marcada por los viajes y la cultura oriental. 

Un fragmento… 
Lo que me fascina de Sarah es que no posee nada. Sus libros y sus imágenes están en su cabeza; en su cabeza, en sus innumerables libretas. A mí los objetos me tranquilizan. Sobre todo los libros y las partituras. O me angustian. Puede que me angustien tanto como me tranquilizan (57) 

Y otro… 
En una biblioteca está el universo entero, no hay necesidad de salir de ella; a santo de qué dejar la Torre, decía Hölderlin, el fin del mundo ya aconteció, no hay razón para ir a comprobarlo por uno mismo… (235). 

Y un tercero… 
Oriente es una construcción imaginaria, un conjunto de representaciones del que cada uno, dependiendo del lugar desde el que habla, saca conclusiones distintas (315). 

Amores imposibles (430). 

Cierro los ojos, 
mi corazón sigue latiendo ardientemente. 
¿Cuándo reverdecerán las hojas en la ventana?
¿Cuándo tendré a mi amor entre mis brazos?

viernes, 4 de noviembre de 2016

MARCEL PROUST, Sodoma y Gomorra. En busca del tiempo perdido IV

Me ha costado más de un año volver a Proust y encarar este cuarto volumen, quedé exhausta con el anterior y con dudas de continuar. Decidí leerlo en vacaciones pensando que eso mejoraría mi predisposición y, en parte, así ha sido, disponer de más tiempo y no tener los agobios propios del trabajo ha aportado su grano de arena para que su lectura haya sido más satisfactoria. 

Imprescindible en su lectura… 

Ya he mencionado en las reseñas anteriores que En busca del tiempo perdido requiere mucha atención en la lectura y concentración para evitar descolgarse entre las múltiples y prolijas descripciones que son la marca-proustiana. Llegada a este cuarto volumen, ya sabía lo que me iba a encontrar puesto que llevo un largo camino recorrido con sus personajes y temas. 


El tema, por llamarlo de alguna manera… 

Sodoma y Gomorra fueron dos ciudades castigadas por Dios con fuego y azufre por sus muchos pecados y es la fuente de inspiración para este volumen. Proust empieza la novela con un encuentro que el narrador presencia por casualidad entre el Sr. De Charlus y Jupien, de esta manera plantea el tema de la homosexualidad como centro de la narración. Este encuentro que conforma la primera parte con apenas cincuenta páginas da pie a la segunda parte, la más larga que queda dividida en cuatro capítulos. En el primer capítulo la narración se centra en una recepción en casa de los príncipes de Guermantes donde aparecen muchos personajes ya conocidos, entre los que reaparece Swann bastante enfermo, de nuevo el caso Dreyfus tiene gran protagonismo en las conversaciones. 
El príncipe se ha limitado a soltar un exabrupto a Swann y le ha hecho saber, como decían nuestros padres, que no debía volver a aparecer por su casa, dadas las opiniones que pregona (…) debería haber cortado hace más de seis meses con un dreyfusista notorio (102). 
El comportamiento del Sr. De Charlus visto desde el conocimiento de su homosexualidad tiene todo el protagonismo. Por otro lado Albertine acapara los pensamientos (y los celos) de nuestro protagonista. 

El segundo capítulo nos vuelve a llevar a Balbec a orillas del mar, donde el protagonista había estado con su abuela, a la que ahora recuerda una vez muerta con tristeza. Esos recuerdos le llevan al borde de la depresión al ser consciente de su definitiva desaparición. A este estado de ánimo se une la sospecha, por un comentario del Dr. Cottard, de que Albertine pueda tener deseos lésbicos con una amiga. 

En el tercer capítulo y cuarto nos encontraremos en una comida organizada por la Sra Verdurin y todo su núcleo de acólitos al que se unirá el Sr. De Charlus y su protegido, el violinista y militar, Morel. La relación entre Charlus y Morel, junto con la relación de nuestro protagonista con Albertine (y sus dudas sobre si la deja o se casa con ella) acaparan el último capítulo. 

Líneas de continuidad… 

Nada nuevo sobre su estilo en este volumen, su prosa delicada, prolija, lenta, deteniéndose páginas y páginas en la descripción de sus personajes, de sus mentalidades y de sus emociones, se extiende a lo largo de sus páginas. 

A veces cuesta mantener la paciencia y leer la minuciosidad que le dedica, por ejemplo, a la etimología de los nombres de las localidades próximas o las conversaciones intrascendentes que sostiene esa ociosa clase alta que disecciona Proust. Sin embargo tiene fragmentos brillantes, llenos de sentido del humor que desvelan la vacuidad de esos personajes ociosos que llenan sus páginas. De nuevo su denuncia del antisemitismo reinante en la sociedad francesa, alrededor del caso Dreyfrus, es desolador y se convierte en un factor de exclusión social como en el caso de Swann.

Los celos, el amor y el deseo también son temas reiterativos en esta obra, centrados en esta ocasión sobre todo en nuestro protagonista y Albertine.

Un párrafo… 
Se sentía, en efecto, vivo desde que había descubierto a alguien que conocía la mediocridad de los Cambremer y la grandeza de los Guermantes, alguien para quien existía el universo social: como un viejo latinista que –después del incendio de todas las bibliotecas del globo y el ascenso de una raza enteramente ignorante- se sintiera de nuevo sobre terreno firme y recuperara la confianza en la vida, al oír a alguien citarle un verso de Horacio (573). 
Sobrepasado el ecuador de la obra, me siento más animada para concluirla